La paralímpica Brenna Huckaby no sólo compite: desafía la definición misma de posibilidad atlética. Después de perder su pierna a causa del cáncer a los 14 años, encontró un nuevo camino en el snowboard, impulsada por una feroz determinación de demostrar que las limitaciones físicas no dictan el potencial humano. Ahora, a sus 29 años, no sólo lucha por medallas; ella está luchando por la inclusión, superando los límites en un deporte que aún lucha por la accesibilidad.

De la rehabilitación a la dominación

El viaje de Huckaby comenzó con un viaje patrocinado por el hospital a Utah, donde cambió la barra de equilibrio de su pasado en gimnasia por las pistas. La idea era simple: obligar a los atletas a enfrentar un desafío mayor que su discapacidad, para que pudieran regresar a casa y conquistar la vida. Para Huckaby, funcionó. Ha acumulado cuatro medallas Paralímpicas (tres de oro, una de bronce) y cinco honores en el Campeonato Mundial. Su éxito es aún más notable porque compite arriba, contra atletas con más ventajas físicas.

Esta realidad llevó a un momento crucial en 2022. Los Juegos Paralímpicos intentaron excluir a los atletas con mayores niveles de discapacidad debido a las bajas cifras de participación. Huckaby se defendió, ganó una batalla legal para asegurar su lugar en los Juegos de Beijing y finalmente ganó dos medallas más. El incidente puso de relieve una falla crítica en los deportes adaptativos: incluso dentro de los Juegos Paralímpicos, algunos atletas todavía enfrentan barreras sistémicas.

Redefiniendo la fuerza: más allá de la destreza física

Hacer snowboard con una pierna protésica no se trata sólo de habilidad; se trata de superar los límites de lo que es posible. La imprevisibilidad y la dificultad añadida exigen una constante adaptación e innovación. Huckaby reconoce que la tecnología protésica todavía está evolucionando y que el fracaso es una parte inevitable del progreso.

Pero su historia va más allá de los logros deportivos. Destaca la importancia de la visibilidad e insta a los aficionados al deporte a adoptar los paradeportes. “Si eres un fanático de los deportes, una vez que conozcas los paradeportes, también serás un fanático de los paradeportes”, dice.

Maternidad y Legado

Este año, Huckaby compite con sus hijas, Lilah (9) y Sloan (5), a su lado. Ella considera que su presencia es vital, no sólo para la unidad familiar sino como un ejemplo poderoso. “De hecho, llegan a ver ‘Oh, mamá está haciendo esto por una razón’”, explica.

Huckaby abraza el desorden de la vida, rechazando el mito del equilibrio perfecto. Ella cree que no existe un enfoque único para todos, y el hecho de que sus hijas la vean perseguir sus sueños refuerza ese mensaje. También es un modelo a seguir visible más allá de las pistas, ya que rompió barreras como la primera deportista paralímpica destacada en Sports Illustrated Swimmer en 2018.

Poseer identidad, abrazar la imperfección

El viaje de Huckaby ha sido de autoaceptación radical. Recuerda una época en la que la fuerza significaba demostrar su valía contra su discapacidad, superar las señales de dolor y evitar la vulnerabilidad. Ahora comprende que la verdadera fortaleza radica en reconocer quién eres, pedir ayuda y simplemente ser tú mismo.

También rechaza la presión de ajustarse a estándares de belleza poco realistas y abraza el envejecimiento como una parte natural de la vida. “Quiero envejecer”, afirma. “Quiero aparentar mi edad… porque estoy rodeado de gente que me ama y no les importa cómo luzco”.

La longevidad, para Huckaby, no se trata de revertir el tiempo sino de estar presente con los seres queridos.

En los Juegos Paralímpicos, su objetivo es ganar, pero más importante aún, experimentar una vida que alguna vez no podría haber imaginado. “¿Qué suerte tengo de haber podido vivir este nuevo capítulo… incluso si fue jodidamente difícil?” ella reflexiona. Esto no es sólo una competencia; es un testimonio de la resiliencia, la visibilidad y la negativa a permitir que las limitaciones definan las posibilidades.