El reciente truco de Robert F. Kennedy Jr. (haciendo alarde de bistec, entrenamiento sin camisa y leche entera junto al músico Kid Rock) no fue solo un momento extraño en Internet. Destacó una tendencia más profunda: la promoción agresiva del consumo de carne en ciertos rincones de Internet, particularmente aquellos vinculados a la “manosfera”. No se trata de salud o gusto; se trata de identidad.

¿Por qué es importante esto? Las investigaciones muestran consistentemente que los hombres son más resistentes a las sugerencias de que reduzcan el consumo de carne, ya sea por razones de salud, éticas o ambientales. El problema no es sólo dietético; está ligado a nociones de masculinidad profundamente arraigadas. La conexión entre el hombre y la carne no es accidental; es una narrativa cuidadosamente cultivada.

La narrativa evolutiva: caza y dominancia

Los psicólogos sugieren que este vínculo se debe a narrativas históricas y evolutivas. La idea de que los hombres son “cazadores” y las mujeres “recolectoras” refuerza un orden natural percibido, donde la carne representa el dominio sobre la naturaleza. No se trata de estilos de vida reales de cazadores-recolectores (la ciencia moderna muestra que los primeros humanos comían principalmente plantas) sino de una imagen romántica, a menudo falsa, de la historia humana.

Las dietas paleo y carnívora ejemplifican esta tendencia, impulsando enfoques extremos centrados en la carne a pesar de la evidencia científica. El Rey del Hígado, un influencer que promovió la carne de órganos cruda antes de ser expuesto al uso de esteroides, es otro ejemplo de esta imagen fabricada de hipermasculinidad.

La carne como símbolo de estatus

La actitud defensiva en torno al consumo de carne se intensifica entre los hombres que se sienten social o económicamente desempoderados. Los estudios revelan que los hombres de niveles socioeconómicos más bajos consumen la mayor cantidad de carne, y las diferencias de género en el consumo son más amplias en los países más igualitarios. A medida que los roles masculinos tradicionales se erosionan, aferrarse a la carne se convierte en una forma de reafirmar la identidad.

El problema no es la comida en sí, sino lo que representa: un intento desesperado de aferrarse a nociones obsoletas de poder y provisión. Si los roles tradicionales ya no son alcanzables, defender la carne se convierte en un acto simbólico de resistencia.

Política y propaganda: el papel del USDA

Incluso la política gubernamental refuerza esta narrativa. La última pirámide alimenticia del USDA, que presenta un chuletón de dibujos animados, es un ejemplo de esto. La declaración de RFK Jr. de poner fin a la “guerra contra las proteínas” ignora el consenso científico sobre los riesgos para la salud de la carne roja. Los esfuerzos simultáneos de la agencia para “fortalecer la industria vacuna estadounidense” sugieren motivaciones subyacentes más allá de la salud pública.

En última instancia, la obsesión de la manosfera por la carne no tiene que ver con la nutrición; se trata de una historia. La narrativa de que la carne equivale a masculinidad, que rechazarla significa debilidad, es una herramienta poderosa para mantener el control y reforzar roles de género obsoletos. Esta no es una cuestión de elección personal; es una batalla cultural por la identidad en un mundo que cambia rápidamente.